Fumigando el monte no se consigue nada

Las plagas de insectos son una amenaza importante para muchos bosques en todo el mundo, desde los ecosistemas boreales hasta los bosques tropicales. Algunas plagas presentan brotes periódicos, después de lo cual sus poblaciones a menudo se bloquean como resultado del control biológico natural. En este estudio se evaluó el desempeño de la fumigación aérea de insecticidas en rodales de pinos para controlar los brotes Thaumetopoea pityocampa en la cuenca mediterránea.


Los insectos defoliadores son componentes integrales de la dinámica forestal, sin embargo, las poblaciones pueden ocasionalmente crecer rápidamente en proporciones perjudiciales provocando impactos catastróficos en los bosques y árboles, lo que lleva a la destrucción completa de grandes extensiones de bosques naturales y/o artificiales y, en algunos casos, a pérdidas económicas considerables. Una de estas plagas es la procesionaria del pino (Thaumetopoea pityocampa).

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En las últimas décadas, el área afectada por los brotes de procesionaria en Europa se ha expandido en latitud y altitud y la plaga está afectando ahora a áreas donde en el pasado no solía actuar. Esto ha dado lugar a altas tasas de ataque en áreas apenas afectadas por este insecto en el pasado. Por lo tanto, la aplicación de métodos de control para plagas agresivas como la procesionaria es un tema clave en la selvicultura mediterránea.

Para controlar brotes de procesionaria, se han utilizado hasta la fecha varias técnicas, incluyendo el corte manual y la quema de nidos, trampas de feromonas/sistemas de interrupción de apareamiento y mezclas letales de insecticidas químicos y biológicos. De estos, la pulverización aérea de bosques de pino con insecticidas es la opción más utilizada en la mayoría de los países mediterráneos y ha probado ser exitosa en la prevención de la multiplicación de plagas, con efectos ambientales aparentemente limitados (Sanchis et al., 1990; Battisti et al. Demolin y Martin, 1998, Dajoz, 2000). Estos insecticidas se dirigen a estadios larvarios y, por lo tanto, se aplican a finales de verano o principios de otoño siempre que se haya detectado un brote de procesionaria durante el invierno anterior.

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Sin embargo, la aplicación de insecticidas se lleva a cabo en un momento en que se espera que la población de la procesionaria se colapse como resultado del control biológico natural (predadores-parasitoides, planta huésped, o ambos). En el estudio se cuestiona si la disminución de procesionaria después de la fumigación aérea de insecticidas es un resultado de la gestión o una consecuencia natural del ciclo poblacional del insecto.

El área de estudio se situó en Andalucía abarcando alrededor de 87.300 km2 e incluyendo una amplia variedad de hábitats, desde tierras bajas y prados hasta altas montañas. Las cinco principales especies de pino salgareño (Pinus nigra), carrasco (P. halepensis), resinero (P. pinaster), piñonero (P. pinea) y silvestre (P. sylvestris).

En este estudio, se evaluó el rendimiento de la pulverización de insecticidas mediante la comparación de la respuesta de los soportes fuertemente infestados que fueron tratados (con insecticidas) o no tratados. La hipótesis es que, si el brote es efectivamente controlado por agentes biológicos, no se encontrarían diferencias en la respuesta de bosques fuertemente infestados sometidos a fumigación aérea y los bosques no tratados.

Los resultados nos ayudan a entenderlo

El porcentaje de bosques que fueron fuertemente atacados aumentó progresivamente entre 2002 y 2004 de 9.5% a 11.7% respectivamente, sufriendo una caída abrupta a 6.0% en 2005 (Tabla 1). Se detectó un patrón similar para la cubierta forestal. El número de bosques que fueron tratados para controlar brotes de procesionaria disminuyó durante el período de estudio, de 170 en 2002 a 110 en 2005 (Tabla 1). Más del 90% de los tratamientos a lo largo del estudio consistieron en la aplicación aérea de insecticidas (es decir, pulverización), siendo casi el 100% durante 2004 y 2005.

Las pruebas t de Student aplicadas a los diseños de muestreo no mostraron diferencias significativas entre los rodales fumigados y los rodales no fumigados para las cuatro especies de pino (Tabla 2).

Estos autores atribuyeron la falta de diferencia entre las muestras tratadas y no tratadas a los declives naturales de las poblaciones de plagas debido al agotamiento de los recursos y a un aumento de los enemigos naturales (predadores, parasitoides, etc.). De hecho, es probable que la mayoría de las plagas potenciales estén bajo control biológico natural en bosques y agroecosistemas (van Lenteren, 2006), pero esto rara vez se tiene en cuenta en los planes de gestión forestal.

La Fig. 1 no muestra diferencias claras entre el descenso en el grado de infestación después de un brote (grado de incidencia ≥ 3 en el primer año) en pinos de pino fumigados y no fumigados independientemente del diseño del muestreo y de las especies.

Los resultados pueden tener implicaciones tanto económicas como ecológicas para las prácticas de gestión forestal. La rentabilidad de los tratamientos aéreos puede cuestionarse si los beneficios obtenidos no son suficientemente significativos para compensar dichos costos (Aimi et al., 2006). La gestión y el control de las plagas de insectos conlleva inversiones monetarias sustanciales.

La solución contra la procesionaria pasa por buscar otras alternativas

Con respecto a la procesionaria, entre 1.0 y 1.5 millones de euros se gastan anualmente en la pulverización aérea para controlar los brotes en la región de estudio. Además, debido a que la pulverización aérea se lleva a cabo en el invierno después de una defoliación fuerte, es poco probable que los tratamientos limiten las pérdidas de crecimiento o impidan nuevos daños a los árboles por otros organismos. En este contexto, hay que reclamar pruebas más rigurosas para evaluar la rentabilidad de las prácticas de control de plagas, combinadas con evaluaciones económicas, en lugar de aplicar un protocolo de pulverización innecesario y rutinario. La pulverización de insecticidas no puede considerarse una prevención para los brotes si se aplica una vez que explote el brote.

Esto no implica renunciar a controlar la procesionaria cuando sea necesario. Otras prácticas de gestión forestal implementadas en diferentes escalas también pueden ayudar a controlar los brotes.En primer lugar, el fomento de la biodiversidad en las plantaciones de pinos, por ejemplo, aumentando la proporción de árboles y arbustos de hoja ancha en los rodales forestales (especialmente en las fronteras de los puestos), aumentaría la resistencia de estos sistemas a los brotes de plagas. (Jactel y Brockerhoff, 2007). Esto es particularmente relevante en nuestra región de estudio, donde la recuperación de la diversidad de especies leñosas está siendo considerada como parte de los planes de gestión forestal para los próximos 50 años.

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La pulverización no es práctica, pero las trampas de feromona o la aplicación de altas concentraciones de insecticidas utilizando métodos de camiones o mochilas se justifica debido a los riesgos de las larvas para la salud humana (EPPO/CABI, 1997). Las administraciones forestales deberían pasar de la planificación estática una planificación adaptativa basada ​​en sistemas de monitoreo y protocolos.


Fuente: Cayuela, L., Hódarb J.A., Zamora R.. Is insecticide spraying a viable and cost-efficient management practice to control pine processionary moth in Mediterranean woodlands?  EcoLab, Departamento de Ecología, Centro Andaluz de Medio Ambiente, Universidad de Granada y Grupo de Ecología Terrestre, Departamento de Ecología, Facultad de Ciencias, Universidad de Granada.

Foto Principal: Isaac Sanz

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